2 Dominicanos Se Matan En Barcelona por una plantación de marihuana

2 Dominicanos Se Matan En Barcelona por una plantación de marihuana

Dos hombres se matan en un piso de Santa Coloma en una pelea que según un testigo, detenido, desencadenó una lámpara halógena

Un fuerte olor a amoniaco y lejía tapó ayer tarde el tufo a marihuana que a menudo se colaba en la escalera del número 88 de la calle Irlanda de SantaColoma de Gramenet. Dos hombres de nacionalidad dominicanamurieron desangrados tras una reyerta con cuchillos en la que se propinaron innumerables puñaladas. Un tercero que intentó mediar en la pelea logró huir tras recibir varios cortes. Las heridas son leves y anoche permanecía en los calabozos de los Mossos, mientras los investigadores recomponen la secuencia de los hechos. La pelea empezó en un piso en el que vivía un dominicano que tenía en una habitación una pequeña plantación de marihuana a medias con otro compatriota que ayer acudió a reclamar una lámpara halógena. Eso es lo que ha contado el superviviente. Pero hay que verificar su versión.
Han pasado tantas cosas en ese rellano del segundo piso de este inmueble que los vecinos ya están curados de espantos. Ninguno parecía sorprendido ayer. Sólo los recién llegados. En el bloque viven casi un centenar de familias repartidas en la escalera derecha y la izquierda. Los hechos ocurrieron en el segundo cuarta, del ala derecha.
El hombre llegó al bloque hace dos años tras pagar una cantidad a otro que okupó la vivienda de una patada. El piso había sido expropiado por un banco. Y el okupa vendió el derecho de vivir allí. El joven estaba conectado a la red eléctrica. Era tranquilo y no organizaba ningún follón. Eso es lo único que interesaba al matrimonio mayor del mismo rellano, vecinos del bloque de toda la vida y los únicos con los que se relacionaba.
Lo que nadie sabía ni sospechaba en la escalera es que aquel afable joven dominicano había realquilado dos habitaciones de la vivienda. Y que en una tercera estancia cuidaba de una pequeña plantación de marihuana, con poco más de medio centenar de plantas. Él dormía en el comedor, el único espacio que quedaba libre en una vivienda de 55 m2.
Según el único testigo y superviviente de la pelea, ayer acompañó a su cuñado a reclamar al joven una lámpara halógena. Uno de esos apliques que se utilizan en las plantaciones de marihuana para que las plantas no dejen de crecer en las horas de oscuridad.
Los dos hombres discutieron. Se calentaron. Empezaron con las manos y en nada cada uno se hizo con un cuchillo de la cocina. Durante varios minutos se estuvieron pinchando y acuchillando. Recorrieron todas las estancias abiertas de la casa, y en todas dejaron rastro de sangre.
El cuñado, junto al pitbull de su pariente, que no soltó en ningún momento, quiso mediar en la pelea. Según contó después a un amigo, empezó a recibir cortes en la cabeza y la cara, hasta que decidió huir. Mientras caminaba hacia su casa, dejó tras de sí un reguero de sangre, que después rehicieron los Mossos hasta encontrarlo. Le curaron las heridas, leves, y quedó detenido.
Los dos hombres siguieron apuñalándose hasta que, ya sin fuerzas, intentaron salir de la vivienda. Uno cayó desplomado sobre las escaleras y el otro en mitad del pasillo. Faltaban pocos minutos para las 11 de la mañana. Cuando la juez de guardia autorizó el levantamiento de los cadáveres, a las 4 de la tarde, no quedaba ni una sola baldosa de aquel rellano sin sangre. Además de salpicaduras en puertas y paredes.
Los dos hombres murieron desangrados. Iban indocumentados, aunque a media mañana apareció una mujer que aseguró ser la esposa del dominicano que había ido a reclamar la lámpara. Hoy se practicará una necrorreseña para confirmar su identidad.
Tampoco será complicado identificar al otro, el que vivía en el piso. Durante estos dos años ha tenido juicios relacionados con la okupación ilegal del piso. Trataba de llegar a un acuerdo con el banco para pagar un alquiler y quedarse. Le gustaban el barrio y esa escalera. Con el trajín de gente, era un buen lugar para pasar desapercibido.
No hace tanto y en ese mismo rellano los Mossos detuvieron a una mujer que apuñaló a otro vecino. Al hombre se le escapó el perro, que se coló en casa de la mujer cuando esta limpiaba. Asustada, creyó que aquel era un ladrón y le apuñaló. Se necesitaron varios policías para reducirla. En otra ocasión, una mujer y su hija tuvieron que ser rescatadas por los bomberos. La abuela vivía con su hija, con síndrome de Diógenes, y sus dos nietas menores. Se había declarado un incendio y no abrían la puerta.
Es costumbre en ese rellano que los vecinos miren por la mirilla y no abran la puerta. Pase lo que pase. Pero ayer algunos sí abrieron. Y difícilmente olvidarán lo que vieron. El vecino estaba boca arriba, tendido sobre la escalera, con un gran tajo en el cuello y los ojos abiertos. Una mujer de la limpieza especializada en estos escenarios se encargó, mocho y bayeta en mano, de limpiar todos los rastros. “Creo que nunca había visto tanta sangre”, decía la cronista.
–¿De verdad? Es aparatoso, pero con lejía y amoniaco sale solo.