‘La condena de ser pobre en República Dominicana’

‘La condena de ser pobre en República Dominicana’

“La Rubia” a sus 54 años ha hecho de todo en su vida, menos prostituirse. Se hizo bachiller a puro esfuerzo; se ha leído todos los libros de medicina natural que le han caído en la mano y conoce remedio casero para todas las dolencias. Pasados sus 40 se llegó hasta preparar como masajista profesional; fue cocinera en un restaurante chino; trabajó como doméstica en casas de familia; echaba días planchando, limpiaba tumbas en el cementerio y cuando la cosa se le puso tan agria como la peor de las piñas, tiraba mezcla y blocks en una construcción de su barrio. Yo lo vi, no me lo contaron.

Zahira, fue la sensación de la cuadra en sus años de juventud. Le llovieron enamorados de todos los calibres; salió a divertirse a todos los clubes de moda; tiró toda la tela y se puso todos los vestidos que su mamá le confeccionaba en la humilde máquina de coser que en un momento se convirtió en la herramienta de sustento de esa familia. La vida tenía otro plan con ella y terminó en condiciones precarias en las que le cuesta conseguir el sustento y lo que entra alcanza apenas para dar de comer a sus dos hijos adolescentes. Los dientes que ha perdido y que deslucen el rostro que fue en su pasado, han dejado de ser prioridad y arreglarlos, más que un tema de salud, para ella se ha convertido en un lujo.

Roberto perdió a su hermana en una muerte trágica y en un hecho totalmente ajeno a la pequeña Manuela. Salió de su trabajo en una tienda y en un acto de máxima imprudencia un conductor que ignoró la luz roja a alta velocidad, se llevó de bruces la vida de una mujer joven. Los familiares de Manuela descubrieron que en el hospital a su muerto le habían robado las córneas sin su permiso. De eso no se supo nada.

Sonia ha trabajado toda su vida. Solo en su actual trabajo ya lleva 16 años haciendo de ama de llaves en una casa donde se ha convertido en familia. Osteoporosis, cataratas y todos los quebrantos que traen consigo los años y el pasar tanto trabajo. Asiste al hospital en busca de amparo, de diagnósticos y sosiego y sus necesidades se ven condicionadas a si aceptan su tarjeta de seguro o no. La salud y las atenciones dependen de si la enfermera se despertó con el pie derecho o el izquierdo esa mañana.

Manuel Vargas, a sus 45 años le tocaba mantener una familia con 6 hijas en base a un sueldo de miseria que ganaba como vigilante en un centro comercial en Santo Domingo. En pleno desempeño de sus funciones fue asesinado a tiros por delincuentes que asaltaron un camión cargado con la valija de un banco y que mantuvo en vilo a toda una cuadra de mucho movimiento comercial y familiar. Sus hijas quedaron huérfanas, la esposa a merced quizás de la caridad y con el compromiso de tener que quemarse el lomo en nombre de sus hijas. El esfuerzo y el empeño de Manuel murieron con él.

Carla Massiel fue raptada, sometida a maltratos que jamás sabremos, asesinada y en torno a su trágica muerte se teje un velo cargado de tanto misterio que da la sensación de que muere con cada palabra del asesino y que entre el rumor y la incertidumbre de un crimen a medias resuelto, la siguen matando.

Uno lee cada día tantas frases de superación, tanto empeño en teoría para buscar motivación, se habla tanto del encanto de las cosas simples de la vida, de echarle ganas a los días, pero uno se topa con la realidad de tanta gente que parece haber nacido para pasar trabajo eterno y cae en cuenta que esa gente no tiene dolientes aquí. Vivimos en una sociedad donde ser pobres es una condena y donde a los de menos recursos se les ve como una herramienta de campaña,  números de encuestas que sólo sirven para ganar elecciones y que se olvidan en el poder.

No sólo no existe calidad de vida, la seguridad ciudadana salió de paseo y no parece con planes de regresar, los servicios básicos aquí se anuncian con fanfarrias como si se trataran de favores, de dádivas a los pobres y los pobres se siguen cayendo a pedazos.


Si usted tiene cubierto lo básico, comida en su mesa, techo para dormir y cariño en su casa cuando lo esperan, sepa que usted es un privilegiado. Aquí hasta respirar cuesta, así que procure ni enfermarse.