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COMPÁRTELO - El sospechoso se afeitó el día del crimen del urbano

COMPÁRTELO - El sospechoso se afeitó el día del crimen del urbano

El detenido trató de dificultar su identificación al cambiar radicalmente de imagen horas después del asesinato

El jueves pasado Alberto y Rosa, los dos guardias urbanos detenidos el fin de semana acusados del asesinato del novio de ella, asistieron juntos a una comida organizada en un restaurante del Poblenou por los compañeros de la Unidad de Apoyo Diurno (USD), a la que ambos pertenecían y en la que habían patrullado juntos. Hacía tiempo que Alberto llevaba una importante barba que lucía orgulloso y cuidaba con esmero.

Al día siguiente, acudió a trabajar rasurado. A las 6 de la tarde del día de la comida, un excursionista alertó al 112 de la presencia de un coche en llamas en una pista forestal que lleva hasta el pantano de Foix. No fue hasta el día siguiente que los Mossos d’Esquadra identificaron los pocos huesos que quedaron carbonizados en el maletero del coche. Con su radical cambio de imagen Alberto trató de apuntalar su coartada y complicar a los investigadores el poder ser ­reconocido.


Los mossos del grupo de homicidios de la región policial metropolitana sur se repartieron ayer en dos grupos. Uno estuvo durante más de diez horas en el chalet de la urbanización Santa María de Vilanova i la Geltrú en el que vivía Rosa. La mujer entró protegida por un paraguas y fue asistida por un abogado de oficio. Fue una inspección larga y laboriosa en la que hubo momentos para todo. La guardia urbana, acusada ahora del asesinato de su última pareja, se derrumbó y lloró en varias ocasiones.

Los Mossos registran durante horas las casas de los arrestados en Vilanova y Badalona
Otro grupo de policías estuvo con Alberto, registrando todos los rincones de su piso de Badalona. También estuvo acompañado por un abogado de oficio, y el trámite fue mucho más breve.

Tras los registros, Rosa y Alberto volvieron a los calabozos de dos comisarías diferentes. Uno, en Sant Feliu, y el otro, en Sant Boi. Los investigadores han optado por esta medida para mantenerlos alejados y evitar así cualquier comuni­cación entre los dos sospechosos. Se les tomará declaración el martes y después pasarán a disposición ­judicial.

La casa de Rosa está a ocho kilómetros de la pista forestal en la que aparecieron el 4 de mayo los restos carbonizados de Pedro en el interior del maletero de su coche. La relación entre estos dos guardias urbanos arrancó en agosto pasado. Empezaron a salir en cuanto ella acabó su historia con Alberto, compañero de la mujer en la USD y pareja de patrulla. Hacía pocos meses que Pedro se había mudado al chalet de Rosa en Vilanova i la Geltrú.

Los presuntos asesinos serán interrogados el martes y pasarán a disposición judicial
Las cosas entre ambos iban aparentemente bien. Pedro apoyó a Rosa en los diferentes litigios judiciales que tenía en marcha. Contra Rubén, mosso d’esquadra y padre de sus hijas; y el último contra un subinspector, también de la Guardia Urbana, al que acusaba de haber difundido hace diez años una foto de ambos manteniendo relaciones sexuales.

La última vez que se les vio juntos fue el pasado 28 de abril, cuando se suspendió el juicio contra el subinspector. Algunas fuentes aseguran que ese día discutieron, aunque la relación proseguía. Por eso, el jueves al mediodía, sorprendió a los compañeros de la USD volver a ver a Rosa y Alberto de nuevo juntos. ¿Descubrió Pedro la nueva ­relación?


La mujer fue la principal sospechosa del crimen desde el primer momento. En su primera larga declaración como testigo contó que hacía dos días que no sabía nada de su pareja y que Pedro se había ido de casa tras una fuerte discusión. El sábado, los Mossos precipitaron las detenciones. Como buenos policías, Rosa y Alberto tuvieron cuidado de no dejar rastro con sus teléfonos móviles. A las pruebas que ya había contra ambos, se sumaron otras encontradas ayer en la casa de ella.